«Cuando era pequeña tenía un amigo invisible y, aunque nunca lo dije, todos daban por hecho que era humano. Jamás conté lo que realmente era, porque de aquella tampoco yo sabría como explicarlo. Si intento recordarlo ahora me ataca un vago recuerdo de su aspecto. Era grande... muy grande, o al menos para mi lo era, ya que yo era una niña pequeña, tenía el cuerpo repleto de pelo y una melena de león, cara amable pero con poderosas garras.
Siempre que estaba triste, me regalaba una flor y me daba ánimos, siempre decía que nadie podría hacerme daño, que él me protegería, y lo creía... siempre le creí... hasta aquel día.
Pasaron los años, me hice mayor y dejé de prestarle atención a mi amigo invisible, me empecé a centrar más en mi vida, en mis estudios. Cuando tenía 16 años mi abuelo murió. Fue de repente, un ataque al corazón. Toda la familia lloraba, sobre todo mi madre y mis tíos. Yo preferí dejarles espacio, por lo que fui a caminar un poco por la calle, por el jardín, sin ir hacia la carretera, el sol brillaba en el cielo, aunque una suave pero fría niebla se presentaba en el ambiente.
—Vaya día de invierno... —pensé en voz alta sin prestar mucha atención a mi alrededor, era una simple forma de hablar, pues siendo más precisos era otoño.
Por el rabillo del ojo vi como algo se movía tras unos árboles, a un lado del sanatorio donde estaba toda mi familia, en un primer momento pensé que solo era el viento moviendo las pocas hojas que quedaban en el árbol, pero llevada por la curiosidad y el aburrimiento, me decidí a acercarme a ver que era, con suerte encontraría un gatito callejero que me pudiese hacer compañía.
Mi sorpresa fue enorme cuando vi a un ser que era igual que mi amigo invisible de pequeña... No igual... era exactamente él...
—Oku...mu... —aunque no había pensado en él en años, de pronto su nombre me vino a la cabeza. Él me miró, pero no tenía la misma expresión amable de entonces... Sus garras estaban llenas de sangre, igual que la flor que extendió hacia mi.— ¿Qué haces aquí? —pregunté sin llegar a coger la flor.
—Llevas tiempo sin necesitarme... —me dijo con su voz grave, nunca lo pensé pero tenía... voz de muerto...— Te echaba de menos y quería que me necesitaras de nuevo.
Retiró la flor al ver que no la cogía y entonces extendió otra cosa hacia mi... Un corazón humano, y aunque no me lo dijo, yo lo supe... Era el corazón de mi abuelo, este no había fallado, Okumu le había matado.»

1 comentarios:
Ahhhhhhhhhh!!!! T.T Es muy tristee!! Okumu no tiene la culpa de esto... Okumu era bueno y hasta el final lo seguia siendo... no era su culpa... los huanos somos horribles, cuando algo ya no nos sirve solo lo dejamos... asi sea una persona, animal o en este caso a Okumu... el solo queria llamar la atencion de aquella que fue su amiga, tan importante para el.... T.T me removioooo! Me hizo llorar!
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