—N-No... verás... yo... —Me costaba hablar aunque solo fuera por el hecho de que su voz se había oído con demasiada intensidad en el momento de preguntarme—. No sabía que existían los dragones. —Fue lo más inteligente que me salió en ese momento.
Pude reconocer la furia en su mirada, un nuevo batir de sus alas casi me lanza volando, pues con su tamaño y fuerza era demasiado complicado mantenerse en pie para alguien tan escuálido como yo... porque seamos sinceros... con 14 años no es que fuera una persona grande, siempre me dijeron que parecía una lombriz... delgada y alargada... y con mucho pelo, ya que siempre me gustó llevarlo muy largo, aunque ahora con el viento levantado por el majestuoso dragón no era fácil de controlar. Era como si con el batir de las alas, hubiese alejado todo el aire de la zona, pues de repente parecía como si se me dificultara el respirar, casi parecía un castigo.
—¿No crees en la existencia de los dragones? —De nuevo su voz... esa potente, y arrolladora voz que perforaba mi cabeza—. Eres tan ciega como el resto de monos que pueblan este planeta... —Era demasiado evidente su desprecio por la raza humana... nos veía como alguien demasiado inferiores. ¿Significaría eso que me mataría? No quería morir.
En esa ocasión no pude responder... y ahora no fue por el dolor en mi cabeza, fue por puro terror, miedo a que me matara a como pudiese hacerlo... Abriendo su boca, a pesar de la noche pude ver sus colmillos, su lengua... salió un chorro de ácido que cayó no muy lejos de donde estaba yo, pude ver a la perfección como la zona afectada por el ataque se deshacía como un cubito de hielo sobre la piedra en un caluroso día de verano en un árido desierto. El temor se volvió más grande, el humo que formó el ácido al derretir esa zona de tierra junto a mi comenzó a marearme... como si fuera venenoso... no sabía que era, pero algo me gritaba que no volvería a ver salir la luz del sol. Lo siguiente que ocurrió en el mundo físico, es que mi cuerpo cayó al suelo, colapsado por alguna razón extraña... Me contaron que mis padres me encontraron poco antes del amanecer y que me llevaron al hospital, donde estuve en coma tres días. Bueno... esa es la versión que ellos cuentan... Yo sé que lo vivido en mi mente no fue un simple sueño... ese dragón seguía conmigo, como si de alguna forma hubiese dejado algo de él en mi interior, pero no fue agradable. Me sentí torturada durante días... semanas... quien sabe con exactitud.
Todo lo que sé, es que fui atacada, torturada... bañada en ácido mil veces, sintiendo como mi carne y mis huesos se deshacían, un dolor absoluto... una y otra vez... Me envenenaba con el vapor que mi propia desintegración provocaba. No sabía porque me pasaba eso... y si era solo en mi mente, ¿por qué debía sentir el dolor de cada tortura como si fuese real?
Desperté después de esos tres días en coma... Me dieron el alta y desde entonces no volvió a ocurrir nada más, nada... excepto... Como dije al inicio de mi historia... estas cosas nadie las cree jamás... Cuando cumplí los 15 años... apenas unos meses después de ese encuentro... Apareció algo en mi espalda, cubriéndola por completo... la imagen de un furioso dragón negro... Sé que es el dueño de mi alma, y sé que algún día volverá a reclamarla... Ni la misma muerte podrá llevarme, pues ahora mi vida y mi muerte, le pertenece solo a ese dragón que vi de niña, él será quien me arrebate la vida, cuando ya no sea digna de llevarle a mi espalda.
F // I // N
1 comentarios:
OMG OMG OMG!!!! Estuvo asombrosooo! Esta segunda parte me fascino me encanto!! Lo disfrute a morir!! Tanto que quisiera leer un fic con este temaa! Eres increiblee! INCREIBLE!
Lo ame.... <3
Publicar un comentario